3 abr. 2008

Anda insistente el segundo


Reloj que avanza entre horas discordes, desconocidas
Como vecinas que aparentemente no tienen historias comunes
Que se reúnen en el mercado y dan cuenta del engaño de los maridos
Y se asombran por la casualidad
-Definitivamente, todo cuadra –responde la última en hablar, mientras paga.

Entre hora y hora –que también se les parecen–
Nada pueden hacer y esperan cada una por su lado
Saben lo que viene a la hora siguiente
Esto es
Que ya no son mujeres de sus hombres
Porque ellos no son ya sus hombres
Y que el error es humano aunque los cuatro lo ignoren, de ahí en adelante.
Y porque quieren saberse humanos, es que lo ignoran desde siempre.
Ninguna le dice a la otra lo que le ha pasado
Como el intervalo de una a dos de la tarde


Las mujeres advierten que la hora siguiente será de noticias
Que la hora siguiente dejará de parecerse a la hora anterior,
Los hombres se atreven, por su parte,
a decidir que renunciar será incómodo
Por todo lo que conlleva
Todo aquello que hay que hacer para volver a la hora cero
Se trata de sobrevivir, y de sobrevivir bien, si es que se puede.
¿Y se puede?

Mientras tanto, una pierna prefiere seguir cavando la roca
La espalda ha renunciado a cargarla a cuestas.
Espera que algo pase, que sorba el esfuerzo
Y lo vuelque en una especie de testimonio robado
No de las propias manos, mucho menos del caminar
Si no de la idea


No respondes a la pregunta. Hay que pensar que se está mal para mirar lo bueno,
que el reloj puede caminar sin parecerse a lo humano,
y si por casualidad se le parece que sea solo cada hora que el hombre pueda sostener.
Afortunadamente son pocas horas, y es increíble.
Medir, descubrir, avisar, hacer todo lo que parece bueno, y a veces no es.
Por eso no ser tan ambicioso. Tan inhumano.

Porque si nos quedamos cortos a las noticias
Sin saber quienes somos,
no dejaríamos de ser andanza o asalto.
Es porque no sabemos hacer, y queremos ser perdonados
Entonces será de repente
Creer sobre todo en la ignorancia como si fuera una forma de sobrevivir
Y eso puede ser llamado “sobrevivir bien”
Cuando sabes siempre te mueres un poco
No sobrevives ni bien ni mal
Sin nuestros relojes midiendo un tiempo incontable.
Del que solo damos cuenta quedando para siempre detenidos


Voy pensando las frases que pensadas ya no dicen
Mientras otra de tus piernas me detiene bajo ella
me parece que tienes varias
que me pisan y me devuelven al estado de polvo
donde no hay expectativa porque apenas soy visible
y la expectativa se convierte en pasaporte a lo eterno
y cuando me lo dicen,
cuando me lo dicen,
creo que lo que no puedo ver

II
Cada vez que segundo por segundo
No lo logro decir, describir, decidir
El pecho sigue respirando sin tiempos
Un motor que impulsa el retroceder
Donde no se puede sobrevivir bien al presente
Ni saber si hay manera de sobrevivir “bien”
Mi pecho ya no lo espera
Consigue gritar lo inaudible
Pero como nada lo escucha
Nada ha dicho
Las piernas y los pechos en desacuerdo
No ven el presente
Aunque caminen en conjunto, y solamente por esto:
Mientras pisas
Yo recuerdo.


No es fácil habitar el presente
Moverse en cuatro puntos cardinales
Contar como testigos hasta veinticuatro
En los primeras seis llamadas
Un centro desconocido dispara hacia norte, sur , este u oeste
De siete a doce, caminamos hacia el frente con la mirada puesta en Este,
Este, esta, aquel, aquello
Tenemos doce signos para tomar
La indecisión como respuesta,
Oeste
El camino cierto que acompañará cualquier decisión
Pero si no era el camino, era otro
Cosa de estar en ese punto y cada quien a su vida.

-(80) Annabel Petit

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