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3 abr 2008

Los camiones voladores


a Yuri.

Cada vez que quieras verme
sólo debes asomarte a tu ventana
y esperar la señal.


Yo te saludaré desde mi azotea
para que me veas con tus binoculares,
mientras los camiones voladores
pasean por el cielo,
allá, a lo lejos,
donde el azul se confunde con lo naranja.

- (10) Alexis Pablo

En la autopista no manejo


En la autopista no manejo,
voy sobre el piano de Evans
Bill Evans
de noche
No espero a nadie
o sí
Observo

Las cosas que pienso
con certeza
no encuentran sentido
Hay una frase de Lobo Antunes
bonita
dice algo como…
Ahora no recuerdo bien
La robó de alguien
seguramente
No es preciso ser tan correcto
ni siquiera los escritores viejos


Se hace eterno
o eterna
La vía se hace ridícula y eterna
No tierna,
tierna es Elisa, la colombiana
se robaba los cubiertos
y qué
Me cuidaba como un rey,
nadie me cuida como un rey

El tráfico ahora es sólo
un mal recuerdo
No tengo un solo libro interesante en la mesa
de noche
Ni siquiera son míos,
son como los demás
Quemándose por dentro


Vi una película de matones
matones negros
Voy a noventa y pienso en ellos
a cien, ciento veinte
Veo escenas de gente en el suelo
tirada
con el cuerpo lleno de salsa de picante

El edificio Pernod Ricard tambalea sobre nosotros
–mi camioneta y yo–
no es un símbolo de opulencia,
es un cóndor-zamuro con hocico de perro
y patas verdes con escamas de vidrio
¿por qué tendría arriba una antena?
Yo digo que es un pelo
Y acelero
–no nos vaya a caer encima–

Otro acorde y Bill Evans
con la vía
al mismo ritmo
es una coincidencia
y según algunos, no existe
Pero aquí no hay algunos
sino la camioneta, yo, Evans, un contrabajista y un baterista.
Mañana temprano le mando un correo a tal
Tal me lo devolverá en la noche
como a esta hora
pero sin prisa.
La internet es graciosa,
es un chiste del pasado
el cóndor del progreso.


Hay una frase en la película
me gusta
un matón le dice al otro:
si te vas ahora, no tendré que matarte.
Con aquella ternura paisa
que aplica sin saber que la tiene.
Se conecta con la frase
no la recuerdo aún
de Lobo Antunes
bonita
un robo
un cóndor
negro

-(32) Hensli Rahn

Bolígrafo Blue

primera tentativa de ars poética antihistórica


Escribir con boligrafo sobre el papel
-hay tanto placer en este resbalarse-
Intentar que las letras queden alineadas
ordenadas, claras, redondas,
apolíneas
y luego decir con ellas
todo lo que no ha sido

Empujar con la presencia del verbo
las pesadas cortinas de la inexistencia.

Expandir el universo
como la estrella que se dirige a la nada
que con su llegada deja de serlo
pues ya habrá entonces estrella
impulso luz e intención.

Catapultar la existencia
invadir todos los rincones del sinsentido
escupirle flores naranja
y negarnos a callar
-porque callar es darle espacio a la muerte-


Es desdoblar la sábana negra
que escondemos en las costillas
y que nos empuja a poner la vista
en las pocas cosas creadas para destruirlas
de apatía y desengaño

Escribir,
deslizar el boligrafo azul
ahora con más rapidez
para decirlo todo:

Decir no sólo cómo cayó del árbol
la manzana de Newton
sino cómo cayeron de los cielos
las ranas silvestres sobre las ciudades del futuro

Describir los amores enfermos
que nuestros nietos tendrán entre sí
y crear de la nada,
o más bien
de la tinta azul del boligrafo
una nueva criatura que lo lame todo,
que se comunica sólo de lengua
y que tiene forma de papila gustativa.

Llenar de poros la hoja de papel
sacar de ella los hilos que la conectan
con el árbol que fue, pero también
con el árbol de neón
que si le decimos que sea,
Será

Darle de nuevo carne al verbo
a nuestro verbo
para verlo deslizarse en cholas
por caminos empantanados de baba
que dejó aquella papila gustativa andante
a la que bautizamos como Pedro
y le sirve de mascota al Verbo
y en las tardes de calor
la usa de esponja para remojar
el sudor dulce y no salado
de sus escamas.


El Verbo poliforme y su mascota Pedro
rellenan con su Estela un agujero negro
de quien los sabe ver

El Verbo que sabe moverse
por el viento de la metafísica
y Pedro que convierte sus especulaciones
en algodones de azúcar
para así saber qué le quiso decir.

De puro deseo de madre
convocan a su Estela
pues siempre que decimos Verbo
que decimos existencia
luz o intención
queremos que tenga abrigo
y que aprenda a enamorarse.

(Pedro que le lame los pechos
y el verbo que le pide que cante.)


Van ahora los tres llenos y llenando
con todos los sentimientos
ese otro universo


Contando sus aventuras pasadas
que aun no han sido
y sus recuerdos del futuro
nublados de olvido
-Buenos días
les escribo por las noches
-Buenas tardes
anoto a la primera hora del día
con mi boligrafo azul
sobre aparentes hojas mudas
hojas en verdad infinitas
que multiplican sus posibilidades
como espejos frente espejos
y que esperan que escribamos
con los hilos de las palabras
los bordes que diferencian la baba de la chola
el viento de las flores
para delimitar
y darle todas las formas
a la condensada espesura
al alma de Dios

-(VIII) Ana Lucía de Bastos

Uno, Inclinación a la luz


Horizonte de destellos que nublan tu cuerpo, ahora.

¿Persigues ese tumbo débil cada mañana?

¿Sigues atenta al silenciado estupor del cuerpo que te simula?

¿Estás allí? ¿Estuviste alguna vez? ¿Vienes a celebrar la quietud que me ahogará de nuevo?

¿Vienes a fijarme entre los destellos del horizonte?

Te detienes a contemplarlo: el horizonte no se habita nunca; como la herida cerrada, siempre latente, absurda, pero encantada y orgullosa de ser parte del cuerpo.

¿Te bastará el milagro de la música huérfana de las ondas?

¿Te bastará el hilo del viento que intentará ocupar las entrañas?


¿Te bastará el amanecido bienestar somnoliento después de una noche de fiebre intensa?

El horizonte se hace vertical cuando te tumbas; me derramo, me desprendo, me suelto de mañana. El abrazo es mi expresión sujetada en figura.

Contigo quedé como recién nacido mirando luna. Franco y trágico percibiendo el vacío de la inmensidad. Allí empecé a acostumbrarme a la nada, luego practiqué el afecto, hasta llegar a la conversión.

¿Sientes ese vacío, ese hueco sólido, cúbico y sonoro que trata de destruirme abriendo leves heridas continuas? ¿Deseas mi dolor? ¿Quieres olerlo, palparlo, estremecerlo y nunca sentirlo?

¿Estarás cuando el horizonte se levante? ¿El aire contenido y espeso entre los dos huirá contigo, como huye el olor a humedad nocturna del jardín no se sabe a dónde?

¿Te nubla la sensación de no saberte en el centro, de ser capaz de contemplar el horizonte sin mí?

Supiste de mí antes. En viejas ráfagas de desprecio, silencio y hastío germinaba esa sustancia oscura y etérea, cada vez más silente, cada vez más secreta, en caída incesante a la existencia.

¿Ya lo sentías? ¿Desde entonces te habitaba, te abrazaba tumbada en el borroso horizonte?

¿Lo comprendías? ¿Desde entonces te anhelaban esos espacios de vacío paciente?

¿Estabas tan sola? ¿O era sólo esa desolación tan familiar, cerrada y cariñosa que quiso quedarse contigo desde siempre? ¿Te atrajo mi nadería?

¿Te basta verlo así ahora? ¿Te basta ordenarlo, articular motivos, arreglos, composiciones sobre la materia? ¿Puede la sustancia informe dejar de serlo alguna vez? ¿Te basta buscar en mi mirada respuestas, palabras vanas y reconfortantes? ¿Te toca ahora la imagen?

¿Qué te decían mis ojos? ¿Qué buscaste en ellos? ¿Qué fue suficiente?

Quedan trozos de una perplejidad dolorosa. La espuma sabía de esfuerzos tan vanos.

El horizonte midió tu calibre, tu valía, tu condición. “Esa no durará, es amante de lo efímero, busca proteger lo que siente” –decía el mismo horizonte, como sabe y puede decir las cosas.

No subiste a la pureza de la idea; no inquietaste más mis dolores. No quería pasar más tardes caraqueñas de tráfico y lluvia con tu energía pesada, sofocante, trémula como la humedad desprendiéndose del pavimento.

No me interesa ya. Me aburro pensándote ahora, al punto que me hago insolente y hasta te escribo el poema pavoso y deshonesto.

No más. Ahora sólo quiero agradecer tu prosaísmo. Devolverme a lo ordinario fue tu don final.

Los destellos nublan tu cuerpo de nuevo.

Las palabras ya no te cubren, no te consiguen. También soy pudoroso si me da la gana; y me gusta negarte, como la ciudad a sus quebradas.

Eres el abrazo confuso; la contradicción instalada; la incomodidad suspendida en el tiempo; el dolor de barriga en un chacaíto crepuscular. El poema asqueado de sí mismo, harto de no reflejarse en palabras. La calle rota que molesta transitar.

¿Quisiste salir, todavía tumbada?

Te pregunto: ¿quisiste alguna vez? Algo. Cualquier cosa. ¿Quisiste?

El horizonte se hace visible. Impera lo cotidiano otra vez.

¿Te bastará esa visión? ¿Podrás recordarme mirando al vacío del horizonte simple y tenue de siempre?

-(Colaborador) Juan Pablo Gómez

Anda insistente el segundo


Reloj que avanza entre horas discordes, desconocidas
Como vecinas que aparentemente no tienen historias comunes
Que se reúnen en el mercado y dan cuenta del engaño de los maridos
Y se asombran por la casualidad
-Definitivamente, todo cuadra –responde la última en hablar, mientras paga.

Entre hora y hora –que también se les parecen–
Nada pueden hacer y esperan cada una por su lado
Saben lo que viene a la hora siguiente
Esto es
Que ya no son mujeres de sus hombres
Porque ellos no son ya sus hombres
Y que el error es humano aunque los cuatro lo ignoren, de ahí en adelante.
Y porque quieren saberse humanos, es que lo ignoran desde siempre.
Ninguna le dice a la otra lo que le ha pasado
Como el intervalo de una a dos de la tarde


Las mujeres advierten que la hora siguiente será de noticias
Que la hora siguiente dejará de parecerse a la hora anterior,
Los hombres se atreven, por su parte,
a decidir que renunciar será incómodo
Por todo lo que conlleva
Todo aquello que hay que hacer para volver a la hora cero
Se trata de sobrevivir, y de sobrevivir bien, si es que se puede.
¿Y se puede?

Mientras tanto, una pierna prefiere seguir cavando la roca
La espalda ha renunciado a cargarla a cuestas.
Espera que algo pase, que sorba el esfuerzo
Y lo vuelque en una especie de testimonio robado
No de las propias manos, mucho menos del caminar
Si no de la idea


No respondes a la pregunta. Hay que pensar que se está mal para mirar lo bueno,
que el reloj puede caminar sin parecerse a lo humano,
y si por casualidad se le parece que sea solo cada hora que el hombre pueda sostener.
Afortunadamente son pocas horas, y es increíble.
Medir, descubrir, avisar, hacer todo lo que parece bueno, y a veces no es.
Por eso no ser tan ambicioso. Tan inhumano.

Porque si nos quedamos cortos a las noticias
Sin saber quienes somos,
no dejaríamos de ser andanza o asalto.
Es porque no sabemos hacer, y queremos ser perdonados
Entonces será de repente
Creer sobre todo en la ignorancia como si fuera una forma de sobrevivir
Y eso puede ser llamado “sobrevivir bien”
Cuando sabes siempre te mueres un poco
No sobrevives ni bien ni mal
Sin nuestros relojes midiendo un tiempo incontable.
Del que solo damos cuenta quedando para siempre detenidos


Voy pensando las frases que pensadas ya no dicen
Mientras otra de tus piernas me detiene bajo ella
me parece que tienes varias
que me pisan y me devuelven al estado de polvo
donde no hay expectativa porque apenas soy visible
y la expectativa se convierte en pasaporte a lo eterno
y cuando me lo dicen,
cuando me lo dicen,
creo que lo que no puedo ver

II
Cada vez que segundo por segundo
No lo logro decir, describir, decidir
El pecho sigue respirando sin tiempos
Un motor que impulsa el retroceder
Donde no se puede sobrevivir bien al presente
Ni saber si hay manera de sobrevivir “bien”
Mi pecho ya no lo espera
Consigue gritar lo inaudible
Pero como nada lo escucha
Nada ha dicho
Las piernas y los pechos en desacuerdo
No ven el presente
Aunque caminen en conjunto, y solamente por esto:
Mientras pisas
Yo recuerdo.


No es fácil habitar el presente
Moverse en cuatro puntos cardinales
Contar como testigos hasta veinticuatro
En los primeras seis llamadas
Un centro desconocido dispara hacia norte, sur , este u oeste
De siete a doce, caminamos hacia el frente con la mirada puesta en Este,
Este, esta, aquel, aquello
Tenemos doce signos para tomar
La indecisión como respuesta,
Oeste
El camino cierto que acompañará cualquier decisión
Pero si no era el camino, era otro
Cosa de estar en ese punto y cada quien a su vida.

-(80) Annabel Petit